Texto y entrevista por Gerardo Sierra

Una conversación con Andréanne Levasseur sobre crear, habitar el ridículo y encontrar libertad dentro de la música de Everything Here Is Alive.

A veces, las cosas que más terminan definiéndonos aparecen de la forma más improbable.

El nombre de Everything Here Is Alive nació así: por azar. Andréanne Levasseur tomó un libro, abrió páginas al azar y encontró esas cuatro palabras: «everything», «here», «is» & «alive». Desde entonces, estas palabras se volvieron algo más que el nombre de una banda; se convirtieron en una especie de mantra para Andréanne. Una forma de entender su música, su proceso creativo y la manera en que observa el mundo.

La banda, originaria de San José del Cabo, está conformada por Andréanne Levasseur, Stosh Lindsey, Eliot Deutch Buchanan, Sebastian Maschat y Rodrigo Montes. Aunque actualmente Andréanne es quien se encuentra girando y representando el proyecto, en cada momento habla de Everything Here Is Alive como un organismo colectivo, algo que existe gracias a todas las personas que lo conforman.

Hay algo muy particular en la forma en la que Andréanne habla de su música. No lo hace desde la urgencia de definir un género o encontrar una etiqueta precisa. De hecho, cuando le pregunté cómo describiría el género del álbum homónimo que lanzaron el año pasado, sonrió y dijo que quizá podría llamarlo “fermentado”. No fermentado como una estrategia de marketing ni como una rareza intencional. Fermentado por el tiempo.

Everything Here Is Alive tomó años en existir. Las canciones se fueron escribiendo, transformando, esperando su momento; las ideas tuvieron que quedarse reposando para encontrar la forma correcta de salir. El resultado fue un álbum delicado y profundamente atmosférico, atravesado por el indie alternativo, pero también por una sensibilidad difícil de encasillar.

Hay canciones en inglés, en español y en francés, y, de alguna manera, esa mezcla de idiomas se siente completamente natural. Es una naturalidad como si cada canción hubiera elegido por sí sola la lengua en la que necesitaba ser contada.

Mientras hablábamos, hubo una idea a la que Andréanne regresó varias veces, incluso sin nombrarla directamente: la libertad. Pero no esa libertad solemne, perfecta o aspiracional que tantas veces se vende como una meta imposible, sino una libertad mucho más simple y compleja a la vez: la libertad del ridículo.

Ella lo dijo de una manera que se me quedó grabada. Crear también implica hacer las paces con la posibilidad de parecer ridículos, cantar algo demasiado honesto, escribir algo demasiado extraño, vestirse de una forma que quizá nadie entienda… es como seguir una intuición sin saber si tiene sentido.

Algo fascinante que agregó es detenernos en pensar en lo absurdo que resulta que tantas personas le tengan miedo al ridículo, porque lo verdaderamente ridículo es pasarse la vida intentando esconder aquello que uno realmente quiere hacer.

Hay algo profundamente liberador en permitirse existir sin pedir permiso, en dejar de editarse todo el tiempo, en aceptar que el arte, muchas veces, nace justo en ese espacio incómodo donde dejamos de preocuparnos por cómo vamos a ser percibidos.

Arte collage gestoxierra

Tal vez por eso las canciones de Everything Here Is Alive se sienten tan honestas. No intentan impresionar. No buscan sonar perfectas. Buscan conectar. Son canciones para escuchar de noche, cuando la ciudad ya bajó el volumen. Para una tarde de lluvia, una taza de té, una copa de vino o ese momento en el que uno necesita sentarse a dibujar, escribir o simplemente mirar por la ventana. Música para acompañar, para habitar el presente y dejar que algo se mueva por dentro.

Y aunque el álbum homónimo sigue encontrando nuevas formas de llegar a más personas, Andréanne ya piensa en lo que viene. Me contó que el segundo disco está en camino y que, a diferencia del primero, tomó mucho menos tiempo. Todavía no existe una fecha definida, pero sí existe la certeza de que seguirá creando.

Quizá porque, después de hablar con ella, queda claro que para Andréanne hacer música no es una meta ni una etapa. Es una forma de estar en el mundo. Y si algo deja Everything Here Is Alive, es esa sensación rara y hermosa de recordar que todo aquello que somos —lo extraño, lo sensible, lo ridículo, lo imposible de explicar— también merece existir.

Te invito a que los escuches en tu plataforma de streaming favorita.