Texto por Gerardo Sierra
Una película que también tuvo que aprender a no rendirse.
Después de pasar años archivada y estar cerca de nunca llegar a las salas, la historia del Coyote finalmente encontró al público y, curiosamente, terminó compartiendo mucho con su propio protagonista.
Coyote vs. Acme probablemente sea una de esas películas cuya historia fuera de la pantalla resulta casi tan interesante como la que sucede dentro de ella. Terminada desde 2022, su estreno estaba originalmente contemplado para 2023, hasta que Warner Bros. Discovery decidió archivarla como parte de una estrategia financiera que permitiría asumir el proyecto como una pérdida fiscal.
La decisión provocó una reacción considerable dentro de la industria, especialmente porque no se trataba de una producción inconclusa, sino de una película prácticamente terminada. Después de varios años de incertidumbre, Ketchup Entertainment adquirió los derechos de distribución y finalmente permitió que aquello que parecía destinado a quedarse guardado llegara a los cines.
Parte de la curiosidad alrededor de su estreno también ha estado en México. La respuesta del público mexicano ha sido particularmente positiva y fue precisamente eso lo que terminó despertando mi interés por verla: quería entender qué había detrás de una película que, después de tantos problemas para existir, estaba encontrando aquí una audiencia tan entusiasta.
Por supuesto, hay un componente inevitable de nostalgia. Para quienes crecimos viendo a los Looney Tunes, el Coyote, el Correcaminos y el universo de Warner forman parte de un lenguaje visual que conocemos desde niños. Y después de tantos intentos de Hollywood por recuperar propiedades del pasado, también existe cierta desconfianza cuando aparece una producción que parece querer hablarle nuevamente a esa generación.
Coyote vs. Acme tiene momentos que recuerdan que seguimos frente a una caricatura: humor absurdo, situaciones deliberadamente bobas y una lógica que difícilmente podría existir fuera de los Looney Tunes. No todo funciona de la misma manera y algunos momentos pueden sentirse dirigidos a un público mucho más joven. Sin embargo, debajo de esa ligereza aparece una idea bastante más interesante.
Durante décadas hemos visto al Coyote intentar absolutamente todo para conseguir algo y fracasar una y otra vez. La película aprovecha esa característica para hablar sobre atreverse a hacer las cosas incluso cuando no existe ninguna garantía de conseguirlas.
No plantea el éxito como la única recompensa posible. Equivocarse, fallar o descubrir que algo no salió como esperábamos también forma parte del proceso. A veces haberlo intentado ya significa que ocurrió algo importante.
Quizá fue esa parte la que más me sorprendió. Fui esperando encontrarme principalmente con nostalgia y humor, y terminé disfrutando una película bastante más honesta de lo que imaginaba. Su mensaje resulta curioso cuando conocemos todo lo que tuvo que suceder para que pudiéramos verla: Coyote vs. Acme también fue un proyecto que, contra todo pronóstico, consiguió una segunda oportunidad.
No pretende reinventar a los Looney Tunes ni necesita hacerlo. Hay nostalgia, comedia y muchos guiños para quienes conocemos a estos personajes desde hace décadas, pero también existe una historia suficientemente sencilla para recordar algo que a veces olvidamos cuando crecemos: no todo lo que hacemos necesita terminar en una victoria para haber valido la pena.
Y después de haber estado tan cerca de desaparecer por completo, quizá la mejor manera de cerrar la historia de Coyote vs. Acme sea precisamente viéndola.
La película ya se encuentra en salas de Cinépolis en México, así que no pierdas la oportunidad de disfrutar de esta película que no sabemos cuánto estará en cartelera.




