Fotografías y reportaje: Rosa Torres

La historia de Islandia comienza como un viaje cuya planeación nos llevó alrededor de 1 año, desde cazar vuelos lo más económicos posible, buscar opciones con respecto a la mejor forma de pernoctar, que si el hostal sale más barato, que si el airbnb, que si irnos buscando hoteles económicos… Honestamente ninguno era costeable a nivel costo-beneficio, porque resultó que Islandia es un país ¡CARÍSIMO! Casi al nivel de Inglaterra, sin embargo, con la certeza de todos los viajes que he hecho… (no es por presumir, pero conozco 4 de 5 continentes), ha sido el mejor viaje de mi vida hasta el día de hoy.

Hay algo en el ambiente, en la gente, en el aire; llegas y automáticamente estás en un cuento de hadas, en un mundo de ensueño. Tomen en cuenta que soy una persona CERO “outdoorsy” de hecho me autodenomino “florecita de asfalto”, a mi eso de acampar, de hacer pipí en la naturaleza, comer improvisado y sin sentarse bien, no se me da y no me interesa… sin embargo todo eso tuvo que suceder en Islandia. Déjenme decirles que no pudo haber MEJOR MANERA de vivirlo y disfrutarlo entre sus cañones, cráteres, glaciares, montañas, mares, arenas negras, impetuosos mares, cascadas, auroras boreales, lagunas tan azules como el cielo, faros de colores, pueblos que parecen postales, colores, olores y hermosas personas que parecen vikingos y vikingas salidas de cuentos mágicos.

Nuestro tour se definió como una vuelta alrededor del país durante 10 días, lamentablemente tuvimos que dejar fuera los fiordos del noroeste, habríamos tenido que agregar unos 4 días para que nos alcanzara el tiempo de conocerlos y así culminar todo el país. No obstante, pudimos armar una ruta con los lugares que nuestro grupo de 5 personas decidimos ver; algunos se sometieron a votación y otros cuantos a método de descarte por distancias o complicación entre un punto y otro.

Viajamos en “shoulder season” principios de octubre (temporada baja en Islandia), pero estratégicamente pensado para dar la vuelta a todo el país sin sufrir por las carreteras cerradas en invierno, sin la plaga de turistas de verano ansiosos por ver el Sol de Medianoche y así poder gozar de un clima mucho más cálido.

Pro tip: Islandia es un país de primer mundo con todas las facilidades para acampar, este fue nuestro método elegido para poder conocer más lugares, llegar más lejos y a nuestros tiempos. Rentamos dos campers en los cuales vivimos los siguientes 10 días una vez llegando a Keflavík. Como les decía, la temporada alta es verano, por lo cual todos los sitios para acampar (alrededor de 170 sitios registrados en todo el país) están abiertos de marzo a septiembre, en octubre empiezan a cerrar la mayoría, esto nos desvió un par de veces pues lugares que teníamos mapeados, terminamos cambiándolos pues al llegar estaban cerrados.

Así que pónganse trucha y asegúrense que sus sitios de acampar estén abiertos pues están designados y completamente equipados para todo tipo de camping. Desde autocaravanas, campers sin electricidad, hasta casas de campaña; todos cuentan con baños, espacios comunes para cocinar y recreacionales, claro que nosotros a 2 grados centígrados con sensación térmica de -5º y con una humedad que te calaba hasta los huesos, no disfrutaríamos al aire libre; la mayoría cuentan con regaderas, pero cada uno tiene su sitio web y ahí puedes checar las amenidades con las que cuenta cada campsite.

Otra cosa que es maravillosa de acampar allá, es que puedes rentar tu camper con wifi ilimitado, de entrada es lo mejor que puedes hacer pues no entiendes ni una palabra y será tu mejor aliado para navegar correctamente por todo el país.

Nuestra ruta fue muy divertida y perfectamente bien planeada, cosa que nunca suelo hacer cuando viajo; en otro tipo de viajes me gusta perderme en las ciudades y que el camino mismo me vaya llevando, sin embargo en Islandia no puede ser así pues hay tantas cosas tan hermosas por ver que sí necesitas hacer cierta planeación para alcanzar a conocer la mayoría.

Comenzamos rentando nuestros campers espectaculares para 2 y 4 personas respectivamente en Happy Campers, la verdad es que hay muchas marcas que rentan campers pero a nosotros siempre nos gustó lo que nos ofrecían y tenían muy buenos reviews. Automáticamente con esto te ahorras la renta de un coche, pago de hotel u hostal y comidas en establecimientos innecesarias y estúpidamente caras.

Nuestra ruta comenzó hacia Reykjavik, queda aproximadamente a 40 minutos de Keflavík, que es la ciudad donde está ubicado el aeropuerto. De ahí unos nos quedamos a conocer el pueblo y otra parte del grupo se fue a Thingvellir a bucear entre las placas tectónicas de América y Europa, dicen que fue la experiencia más fría de su vida, sin embargo valió la pena. Yo que soy más de pueblear, me lancé a la ciudad a conocer Harpa, museos, calles, tiendas, todo lo que mis ojos pudieran absorber. ¡Benditos dos campers rentados! Nos dieron un poco de libertad en algunas ocasiones para salirnos de la ruta planeada.

Al día siguiente conocimos el cráter Kerid, un cráter que dejó uno de los múltiples volcanes que han explotado en la isla y genera un efecto similar a lo que tenemos aquí en México con el Nevado de Toluca, super vale la pena conocerlo y tomarse mil fotos, literal. Después nos dirigimos a unos cuantos kilómetros de ahí a una planicie que tiene restos de piedra volcánica asemejando un campo rojo como lo que Hollywood siempre nos ha vendido que es Marte. Increíble lugar para fotos también. Voy a dejar de decir esto porque en general todo el país es PHOTO WORHTY!!!

El día 3 conocimos la que hoy es mi cascada favorita, Islandia tiene más de 10 mil cascadas, así que jamás las conocerán todas. Sin embargo, Bruarfoss me robó el aliento, el alma, me robó TODO, un azul tan cristalino que parecía pintura de Monet, irreal, hermoso, mi top 3 de lugares a conocer en Islandia. Ojo, es suuuper rebuscado llegar, busquen un mapa de locales pues es complicado llegar a ese paraíso.

Cascada de Bruarfoss

Pro tip: Toda el agua en Islandia es potable, recomiendo llevar termo para no gastar ni una krona en agua, literal puedes agacharte al riachuelo y llenar tu bote con agua natural y 100% potable.

Después nos fuimos a un lugar más turístico, los géisers, la madre naturaleza sorprendiendo otra vez, el géiser más grande estalla aproximadamente cada 15 minutos, vale la pena quedarse a ver esta explosión varias veces y recorrer los diferentes tipos de géisers que hay en el parque. También hay un paradero muy turístico en donde venden muchos suvenirs y cosas islandesas divertidas, vale la pena echarse un cafecito con un postre y seguir con el recorrido.

Siguiendo el Golden Ring, de camino a Godafoss (otra casacada impresionante y la segunda con más potencia en la caída después del Niágara), nos encontramos unos hermosos ponys islandeses, resulta que éstos son diferentes(como más cortos de patas y con unos colores espectaculares), obvio nos bajamos a tomarnos mil fotos con ellos, no se los pueden perder, un clásico islandés. Llegamos a Godafoss, la verdad tenía muchas expectativas de esta cascada, pero después de Bruarfoss me quedó mal, la verdad sí hay que visitarla y dar todo el recorrido, pero no está tan ganadora como otras.

Al día siguiente nos lanzamos a Seljalandsfoss, una cascada super diferente, imperdonable no ir, la caída del agua crea una especie de velo blanco, pasas detrás de ella y puedes ver todo el paisaje frente a uno, te mojas muchísimo, es un must llevar a Islandia muchas capas de ropa y sobretodo pantalones, chamarra y botas de escalar contra agua. Llueve cuando menos te lo esperas y completamente perpendicular a ti, así que no te escapas de una empapadita.

Rumbo a Skogafoss (otra cascada, porque pues ya les dije que son más de 10 mil) nos encontramos con una superficie de plantas verdes que se hundían, la verdad es que yo les vi cara de trolls, para mi era la tierra de trolls, hermosa, única, eran muchísimas piedras encimadas creando esta superficie hongosa con plantas verdes chiquititas, ponías el pie y se hundía, algo único. También la cantidad de arco iris que encuentras en las carreteras perfectas islandesas, algo digno de admirar, se volvieron parte de mi día a día.

Llegando a Skogafoss de noche, decidimos que era momento de disfrutar de una cena rica, sentados y pues Skogafoss es un centro vacacional además de tener sitio de acampar. En el hotel había un restaurante super bonito en donde decidimos invertir unas cuantas kronas islandesas para que valiera la pena. Aproximadamente cada mil kronas son 10 dólares, así que hagan ustedes las matemáticas.

Skogafoss de lleno al día siguiente, una casacada espectacular que más que la cascada como tal, tiene todo un cuento de hadas detrás. Hay unas escaleras de unos cientos de peldaños que te llevan al inicio de la cascada, un paisaje impresionante, en donde también se veía lo cristalino del agua.

Sólheimajökull

Siguiente día, ¡día de glaciares! Sólheimajökull, teníamos tour comprado y todo para escalar este glaciar, llegamos y lo primero que nos encontramos, un doble arco iris, no podía ser más perfecto, lamentablemente el hielo ha ido disminuyendo muchísimo en los últimos años, muchos metros menos debido al calentamiento global, no nos olvidemos que es el único planeta y tenemos que cuidarlo; luego de este breviario cultural, llegamos al punto de inicio y nos llevan hasta el glaciar, nos dan nuestros picos y palas para poder escalar sin caernos, te enseñan la técnica y vamos todos en grupo, nos explican cada detalle del glaciar y obvio tomamos agua de ahí.

Una experiencia espectacular, terminando nos dirigimos al siguiente punto en nuestro calendario: ese famoso avión descompuesto varado en la arena negra; la verdad fue una odisea llegar hasta allí, caminamos alrededor de 10 kilómetros pues los autos están permitidos hasta cierto punto. Llegamos tarde (oscurecía cada día más temprano), así que nos anocheció y nos perdimos, tuvimos que regresar al avión para pedir direcciones correctas y llegar a los campers. Sin embargo, tomamos unas fotos de ensueño con un atardecer rosa digno de otro tiempo y espacio.

​Siguiente día, Reynisfjara, conocido como Black Sand Beach o playa de arena negra; no me pregunten por qué la arena es de ese color, pero es perfecta, hermosa y automáticamente contrasta con el cielo azul y el rompimiento de las olas, a la orilla está lleno de prismas de lava endurecida, creando el paisaje más perfecto que he visto en mucho tiempo. Después de pasar un buen rato caminando y recorriendo la orilla de la playa, nos dirigimos velozmente a un cañón espectacular, cuyo nombre es muy complicado, el Parangaricutirimícuaro de Islandia: Fjaðrárgljúfur, este cañón lo hizo famoso Justin Bieber en su videoclip I’ll Show You, échenle un ojo porque vale la pena, la vibra de este lugar, del país en general, es irreal, ajena, desconocida, te abre horizontes.

Black Sand Beach, Reynisfjara

​Al día siguiente, tocó conocer el lugar más hermoso de todo Islandia, Jökulsárlón, laguna de glaciares. Aquí nos subimos a un zodiac y recorrimos la laguna con trozos gigantes de glaciares alrededor de nosotros, navegamos junto a ellos, los olimos, los sentimos, te sientes uno mismo y en paz con la naturaleza, un sensación difícil de obtener con el rush de la época actual y las grandes capitales.

Este día corrimos a la joya del sur de Islandia, mejor conocida como Diamond Beach, de este glaciar se despegan trozos de hielo gigantes que nadan en dirección al río; ahí se juntan el río y el mar generando piedras preciosas de hielo, que contrastadas con la arena negra de la playa parecen diamantes gigantes, que se quedan estáticos, viéndote, disfrutando del paisaje junto con uno. El lugar más mágico de todo el país y al que cualquier turista TIENE que ir, imperdonable visita. Los días siguientes fueron de visitar lagunas sulfurosas, ciudades importantes del norte de Islandia, paisajes en carretera inigualables, cubiertos de nieve con un aire que congelaba hasta el más desprotegido espacio de piel. Con todo y ese frío se disfrutaba cada momento, cada paso, cada minuto.

Diamond Beach

​Llegamos a Hvitserkur, una piedra volcánica engarzada en medio del mar, juega con la marea cuando sube y cuando baja, a veces se deja tocar, a veces no, rodeada de arena negra. Cuenta la leyenda que es un troll pretificado que quería destruir un convento cercano; maravilloso y majestuoso lugar que tampoco hay que perderse. Otro punto del itinerario fue la cascada de Hraunfossar, hermosa, azul cristalina con diferentes caídas a lo largo de las piedras y el río que la conecta, otra experiencia única, como todos y cada uno de los lugares de este hermoso país.

​Después llega Kirkjufell, famoso por Game of Thrones, además de ser el lugar que recuerdo con más emoción pues ahí pudimos ver las auroras boreales en su máximo esplendor; esta fue una de las principales razones por las cuales fuimos en esa época a Islandia (la posibilidad de ver las auroras), las cazamos como si fuera recompensa, la experiencia más mágica e inigualable de mi vida: verlas bailar de un lado para otro, brillantes y vibrantes, llenas de energía e hipnotizantes. Este fue el cierre perfecto para el viaje más impresionante de mi vida, lo logramos la última noche de nuestra estancia, fue un cierre con broche de oro, otro sueño de vida que pude tachar del famoso “bucket list” que todos tenemos.

Kirkjufell, el cierre del tour en Islandia.

​Si tienen la oportunidad de hacer este viaje, háganlo, con los ojos cerrados lo recomiendo, es garantía de experiencia de vida y un recuerdo que jamás se borrará de sus mentes y de sus corazones.